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Starlink, las constelaciones de satélites y TU cielo nocturno

Esta semana ha sido bastante «movida» en las redes sociales a raíz del lanzamiento de los primeros 60 satélites de la constelación Starlink que tiene como objetivo dar acceso a Internet a nivel global.

Tras su lanzamiento el viernes 24 de mayo los satélites fueron desplegados en una órbita inicial de 440 Km de altura formando un «tren» de objetos que comenzó a ser visible por observadores desde tierra 1 día después. Lo que los observadores veían era el reflejo de los rayos solares sobre los satélites.

La imagen era realmente llamativa ya que los observadores astronómicos estamos acostumbrados a ver satélites de manera más o menos frecuente, pero observar tantos satélites juntos era algo novedoso.

Tras los primeros avistamientos la noticia se viralizó y la información sobre el proyecto Starlink y otros proyectos similares empezaron a correr como la pólvora. Muchos comenzamos en ese momento a darnos cuenta del problema que se nos venía encima.

La raíz del problema

Observar un satélite no es el problema, ni siquiera un destello Iridium o el paso de la ISS lo es. Incluso un tren de satélites no tendría por qué serlo en demasía. Son fenómenos relativamente anecdóticos y lo suficientemente espaciados para permitir una observación del estado natural del cielo durante la mayor parte del tiempo.

ISS 3
Trazo de la ISS

El problema es que estos 60 satélites son los primeros de una constelación de 12.000. Actualmente hay en el espacio alrededor de 4000 satélites de los cuales la mitad están operativos. Starlink supondrá multiplicar ese número de objetos artificiales. Y eso es solo el comienzo. Hay otras empresas interesadas en lanzar sus propias constelaciones satelitales. Amazon con su constelación Kuiper: unos 3000, OneWeb 900, Samsung 4600, Boeing 3000 y todavía hay más…

Esto significa que puede que lo que ahora mismo es algo tan anecdótico como la observación de un satélite artificial se convierta en algo cotidiano y pueda llegar a ser molesto.

¿Cuál será el impacto real?

Es cierto que algunos (no todos) de estos satélites estarán en órbitas bajas donde los rayos solares solo incidirán sobre ellos y los harán visibles en las horas próximas al ocaso y amanecer. También es cierto que son relativamente pequeños y no brillan demasiado, pero si lo suficiente como para ser vistos incluso a simple vista. El problema principal es que serán muchos, demasiados. Cuando estén todos en órbita será difícil no ver uno o varios en el campo de visión durante una noche estrellada. De ser así esto cambiaría por completo la experiencia de la observación astronómica, a mi parecer empobreciéndola.

Dentro de unos años es posible que sea imposible observar el cielo nocturno sin encontrarnos varios satélites surcando el cielo.

No hablemos ya del impacto que tendrán en los observatorios astronómicos profesionales. Con tal número de objetos artificiales les será dificil obtener imágenes sin que alguno de ellos se «cuele» en la fotografía o incluso en proyectos de búsqueda de cometas y asteroides pueden dar lugar a «falsos positivos» o dificultar enormemente su catalogación. También se ha cuestionado el efecto que puedan tener las comunicaciones de los satélites con los radiotelescopios, algunos en proyectos tan interesantes como por ejemplo las imágenes de agujeros negros tan importantes que vimos recientemente.

Los astrofotógrafos amateur estamos acostumbrados a eliminar las trazas de satélites de nuestras largas exposiciones de varios minutos mediante el apilado de diferentes imágenes. Es posible que a nosotros solo nos afecte en el aspecto de tener que multiplicar el número de capturas para poder contrarrestar el efecto de las trazas pero desde luego para la fotografía de gran campo y paisajes con Vía Lactea supondrá un importante handicap.

Os recomiendo que veáis el vídeo de Dylan O’Donnell acerca también de sus impresiones sobre este problema.

Es TU cielo nocturno

La polémica está servida. Hay quien defiende este tipo de constelaciones alegando que forman parte del progreso y nos ayudarán a mejorar como civilización, dotando de acceso a Internet a personas con pocos medios en cualquier parte del mundo. Renunciar a ello supondría poco menos que volver a la edad de las cavernas. Sacrificar nuestro cielo nocturno por ello es un precio que merece la pena pagar.

Yo no estoy tan convencido, he puesto el TU de «TU cielo nocturno» del título en mayúsculas porque quiero enfatizar que no es solo tuyo como muchos podáis pensar. Es nuestro, es de todos, de los que vivimos ahora y los que vendrán mañana. Creo que es nuestra obligación dejarlo a las generaciones futuras lo más parecido a cómo nos lo encontramos nosotros. Progreso si, pero no a cualquier precio.

Analicemos las ventajas y los inconvenientes, hagamos estudios de impacto antes de hacer las cosas (ni el propio Elon Musk era consciente de cuántos satélites se ven actualmente a simple vista o incluso pensaba que la ISS se veía desde tierra porque tenía luces, tal y como se desprende de sus tuits). Estudiemos alternativas (¿Se pueden diseñar satélites con menor albedo?), trabajemos juntos (¿Se podría hacer un consorcio de empresas de tal manera que compartieran satélites en vez de tener cada una su propia constelación?) . Pienso que hay mucho que mejorar al respecto.

Un problema más

Del creciente problema de la contaminación lumínica hemos aprendido que es muy difícil controlarla si no se toman medidas desde el principio. Requiere una concienciación global ya que es un problema global. A un problema tan grande ( que no afecta únicamente a los astrónomos ) se ha añadido ahora un nuevo frente de batalla que no sabemos si será la puntilla definitiva a la práctica de la astronomía tal y como la conocemos hoy.

El problema de la contaminación lumínica ya es un factor limitante en la observación astronómica, pero se abren nuevos frentes con la proliferación de satélites.

No puedo negar que la contaminación lumínica es, a día de hoy, un problema de mayor calado que la proliferación de satélites artificiales pero tengamos en cuenta que incluso en los lugares más remotos del planeta, aquellos donde la contaminación lumínica producida por el hombre aún no ha llegado, con sus cielos prístinos, tendremos esos satélites surcando el cielo. No habrá lugar en todo el planeta donde nos libremos de ellos, y eso me entristece. Pasaremos de ser la civilización que se guió por las estrellas a la civilización del calentamiento global, el plástico en los océanos y el metal en el cielo.

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Autor: Roberto Ferrero

Miembro de las agrupaciones astronómicas Madrid Sur y AstroHenares. Astrofotógrafo. Monitor de astroturismo y responsable de Turismo Estelar, portal web de turismo astronómico.
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