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Observación urbana del eclipse total de Luna. Enero de 2019.

Este pasado lunes pudimos observar un eclipse total desde España aunque para hacerlo había que ser capaz de madrugar mucho y estar dispuesto a pasar mucho frío. La tercera condición, indispensable en todo evento astronómico, es que la meteorología acompañara y si bien las previsiones hasta el sábado eran bastante pesimistas el modelo meteorológico dio un vuelco el fin de semana y al final se pudo disfrutar del evento desde buena parte de España.

Una observación al lado de casa

Desafortunadamente, ante las malas previsiones meteorológicas, no me pedí el día de vacaciones en el trabajo así que esta vez no pudimos salir al campo a observar el eclipse, que hubiera sido lo suyo. Optamos por verlo al menos desde un parque cercano a nuestra casa, en el barrio de Villaverde de Madrid. Nos levantamos a las 4:30 de la madrugada, bueno, me despertó Diana para ser exactos que no había pegado ojo en toda la noche con la ilusión de ver el eclipse. He de reconocer que yo también estaba algo nervioso e incluso llegué a soñar que nos perdíamos el fenómeno por quedarme dormido.

Nos pusimos la ropa térmica, cargamos la mochila con la cámara de fotos y el trípode (esta vez no me llevé el telescopio para poder ir más ligero) y salimos de casa hasta el parque forestal Julio Alguacil Gómez que no tiene farolas y, si bien tiene un cielo urbano por lo menos no tienes luces directas.

En cuanto salimos del garaje ya se veía la Luna, bien alta y parcialmente eclipsada con una zona muy oscura. Llegamos al parque y descargamos las sillas, la mochila y el trípode. Hacía mucho frío, seguramente 1 o 2 grados bajo cero y el suelo estaba blanco. Monté la cámara con el teleobjetivo sobre el trípode y me puse a sacar fotos intentando que el enfoque fuera lo mejor posible. En los eclipses es complicado atinar tanto con el enfoque como con los parámetros de apertura porque hay mucha variación de tonalidades.

Dimos cuenta de un poco de chocolate y unos bizcochos para despejarnos un poco, la verdad es que fuimos un poco tontos por salir de casa sin ni siquiera un café calentito, ya nos vale. No estamos acostumbrados a comenzar una observación a esas horas, más bien solemos terminarlas. Poco a poco la parcialidad iba avanzando y llegamos a la fase de totalidad en la que la Luna no estaba iluminada uniformemente, se notaba que el centro de la sombra de la Tierra no pasaba por el centro de la Luna y el aspecto era bastante extraño.

Aunque no estábamos en el campo y no disfrutábamos de un cielo de calidad si se notó que en el cielo aparecían estrellas que antes no eran visibles. Es la magia de los eclipses de Luna, una estampa surrealista con la luz de la Luna apagada. También llamaba mucho la atención poder ver el Cúmulo del Pesebre (M44) con los prismáticos bastante cerca de la Luna eclipsada.

Estaba siendo un eclipse bastante oscuro, era previsible, ya que ha habido grandes erupciones volcánicas durante las últimas semanas, tanto en Indonesia como en Europa. Calculamos un L1 o L2 como mucho en la escala de Danjon.

Fogonazos

Hubo un fenómeno bastante curioso en torno a las 04:41. No lo capturé con la cámara pero lo ví en visual de refilón. Un pequeño destello o fogonazo en la parte más eclipsada de la Luna. Al principio pensé que había sido cosa mía, la imaginación me llevó a pensar que tal vez había observado un TLP pero un compañero que estaba viendo el eclipse desde su casa comento por el grupo de Whatsapp que si habíamos visto la ocultación de una estrella y pensé que era eso lo que había visto. Recientemente se ha publicado en Internet varios videos del impacto y por la hora coincide totalmente con lo que ví. Parece que un par de minutos después se pudo observar un segundo impacto pero ese ya no lo llegué a ver. Os dejo uno de los más interesantes captados por el proyecto MIDAS.

Llegamos al máximo de la totalidad, con una Luna de un gris muy ceniza y un poco rojiza, pero mucho menos que en el eclipse del año pasado. Se notaba que el centro de la sombra no pasaba totalmente por el centro de la Luna, quedaba la zona superior derecha algo más iluminada que el resto de nuestro satélite.

La cámara empezaba a congelarse y yo a pasarlo realmente mal, sobre todo en los pies y manos a pesar de llevar dos pares de calcetines y botas de montaña. Me sorprendió la cantidad de gente que sale a correr de madrugada… ellos nos miraban con igual cara de extrañeza. Cada loco con su tema.

Poco a poco la totalidad fue retirándose y la Luna comenzó a brillar nuevamente. Venus y Júpiter aparecían al sur bastante juntos uniéndose al espectáculo astronómico. Con las primeras luces del amanecer recogimos y volvimos a casa, me dí una ducha, desayuné y a trabajar… ¡Menuda experiencia!

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Autor: Roberto Ferrero

Miembro de las agrupaciones astronómicas Madrid Sur y AstroHenares. Astrofotógrafo. Monitor de astroturismo y responsable de Turismo Estelar, portal web de turismo astronómico.
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