Cielos Boreales

¡No doy crédito!

Terminas tu jornada de trabajo, cansado pero satisfecho por haberlo dado todo un día más. De camino a casa echas mano del móvil para ver si hay algún mensaje importante y también, por qué no, para saber si ha pasado algo interesante fuera de «la cueva» donde has estado las últimas 9 horas. Revisas el timeline de Twitter y ojeas algunos setups de telescopios, comentarios sobre las últimas noticias y algunas astrofotos. Pasas por varias de ellas; «bonita galaxia, Jose», like, «que detalle en esta nebulosa, Jordi», like, pasas por otras cuentas de gente menos conocida pero a quien también sigues, o tal vez Twitter ha tenido a bien mostrarte porque alguno de tus conocidos simplemente le ha dado al corazón y el algoritmo, que todo lo sabe, ha decidido que a ti también te gustará… y es una foto muy bonita, evocadora, de un hermoso eclipse anular al atardecer, y a ti te toca la fibra, porque sabes que dentro de unos días hay un eclipse solar, que has escrito un artículo en tu blog e incluso grabado un vídeo en tu canal de youtube, e inconscientemente le das también al like y entonces… ¡No doy crédito!, pero que no lo doy, literalmente. No me he puesto a mirar la autoría de la imagen, ni a analizar siquiera si es actual o incluso un fake, no tengo ni idea de si quien la ha compartido es su legítimo dueño, ni si tiene derechos de propiedad, simplemente me ha gustado y bueno… la red social me ha puesto un botón ahí para que indique si me gusta o no ¿verdad? Al fin y al cabo en eso se basa la red neuronal que «decide» qué te va a mostrar a continuación, en que le indiques tus afinidades. Pero el daño ya está hecho.

Resulta que la imagen en cuestión no pertenecía a quien la publicó en el tuit, sino que la cogió a otro usuario de otra red social (Flickr en este caso) y la publicó sin acreditar al autor. Visto por cualquier usuario en la red podría interpretarse que el autor de la imagen sería quien la publicó en Twitter cuando no era así. Desconozco los motivos de esa persona para publicar la imagen. Tal vez quería ganar likes y seguidores (siendo malpensado) o simplemente vio la imagen, le gustó y la compartió sin mala intención (yo quiero creer que la mayoría de las veces es así).

En una ocasión yo también sufrí el «robo» de una imagen. Un buen día un amigo me avisó de que había visto una foto mía en una web de turismo activo de Tenerife. Inmediatamente me puse en contacto con la empresa y les comenté que estaban usando una foto mía sin permiso y que si querían usarla tendrían que pagarme algo ya que la estaban dando un uso comercial. Me dijeron que lo sentían mucho y que pensaban que la imagen era libre ya que la habían visto en otras webs, decidieron retirarla. Investigando un poco más pude comprobar que, efectivamente, la misma imagen ya estaba publicada en varios sitios de Internet. Alguien la había cogido sin permiso, la puso en su web, otro hizo lo mismo y así en varias ocasiones. Difícil apagar un fuego que ya se había extendido.

A partir de entonces tomé la decisión de añadir una marca de agua a todas mis imágenes que considerara importantes para mí y que requerirían permiso para distribuir y dejaría sin marca de agua las que considero de libre uso, incluso si no me hacen atribución (aunque siempre lo agradezco). Siempre se puede dar el caso de que alguien malintencionado recorte la marca y comparta mis imágenes aunque procuro siempre guardar alguna identificación escondida que acredite mi autoría, por si acaso.

En el caso de imágenes de terceros que veo en redes sociales, pues como dice @El_Lobo_Rayado lo suyo sería siempre indicar los créditos del autor e incluso evitar compartir imágenes que veamos sin esos créditos. Pero, si te pones a mirar, son muchos los tuits legítimos de autores que publicamos nuestras propias fotos sin indicar explícitamente la autoría, yo el primero. Hay que tener en cuenta que para lo que nosotros pueda suponer una afición, para otras personas supone su única fuente de ingresos. ¿Podemos hablar de intrusismo de los aficionados en el terreno profesional? Eso daría para otro post.

A mi personalmente me va a costar aplicarme el cuento, más cuando utilizo Twitter habitualmente en ratos muertos o «de desconexión» y lo que me apetece es relajarme un poco sin tener mucho tiempo para profundizar en el contenido. No puedo hacer de policía/investigador de la red para buscar posibles robos de imágenes así que, desde mi punto de vista, como usuario solamente puedo intentar citar fuentes o dar créditos cuando me acuerdo y recordarlo o aconsejarlo a terceros como ha hecho @El_Lobo_Rayado en esta ocasión.

Si me veis dando likes a imágenes sin créditos en el futuro, que lo veréis, disculpadme y recordad que probablemente no fui yo, sino el pequeño cerebro de reptil que hay en mí, engañado por el malicioso algoritmo de una inteligencia artificial que poco a poco se ha adueñado de nuestras vidas.

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