- Turismo astronómico

La experiencia de observar el Cosmos desde un telescopio profesional

Tal vez esta sea la experiencia astronómica más alucinante que he tenido nunca, observar el cielo desde un telescopio profesional de 1,23m de diámetro, desde un entorno tan espectacular como el Centro Astronómico de Calar Alto, es algo que no podré olvidar jamás. Va a ser difícil explicar las sensaciones de esta visita porque se acumulan las emociones, pero intentaré describirlo lo mejor que pueda.

Para los despistados o los que acaben de llegar al blog por primera vez solamente comentar que esta experiencia en el telescopio profesional de 1,23m es el premio por haber resultado ganador en el V concurso internacional de Astrofotografía de Calar Alto. Ahora si, empiezo con la crónica:

Llegamos a Calar Alto el jueves por la noche y nos alojamos en un hotel de un pueblo cercano al observatorio (quiero aclarar que la organización ofrecía alojamiento gratuito en el propio centro astronómico para el ganador, pero como viajé acompañado de Diana decidimos alojarnos juntos en el hotel). Nos fuimos pronto a dormir porque ese día madrugué para trabajar y el viaje de 5 horas y media (aunque lo disfruté mucho después de los meses de confinamiento) resultó un poco cansado.

Ya el viernes por la mañana con energías renovadas y después de desayunar estuvimos haciendo un poco de turismo por la zona, visitando un viejo pueblo minero abandonado y bajando la sierra hasta Serón. Pero después de comer y una pequeña siesta fue cuando comenzó lo interesante.

Quedamos en el observatorio con David Galadí junto al parking del centro de visitantes y desde allí nos acompañó al edificio del laboratorio donde también se encuentran los despachos, algunas salas de control de telescopios y la biblioteca. Nos enseñó las instalaciones y nos dejó disfrutar un buen rato de la gran colección de libros que hay en la biblioteca. El Atlas de Galaxias del Hubble publicado por la NASA era una auténtica pasada pero había títulos tan curiosos como el espectro de la estrella Arturo, que era un libro completo sin texto, solo hojas y hojas con el gráfico del espectro de la estrella ¡Muy curioso! También disfrutamos de una edición del Atlas Coeli aunque había tantos libros interesantes que necesitaríamos varias vidas para poder verlos todos.

Biblioteca del Centro Astronómico de Calar Alto
Biblioteca del Centro Astronómico de Calar Alto

Después David nos llevó a visitar los telescopios de 2,2m (el de 3,5m ya lo habíamos visitado el año anterior) y el Schmidt aunque antes me hizo entrega del diploma acreditativo del primer premio en el concurso, algo que pienso enmarcar y que disfrutará de un lugar de honor en mi astrohabitación.

Entrega del diploma del concurso de astrofoto
Entrega del diploma del concurso de astrofoto

El 2,2m es un telescopio impresionante sobre montura ecuatorial de horquilla que data de 1979 y que inauguró oficialmente lo que por aquel entonces era el CAHA (Centro Astronómico Hispano Alemán). Este telescopio cuenta con un foco coudé de 88 metros de distancia focal. Dispone de un espectrógrafo de alta resolución. Este telescopio tiene un gemelo en el Observatorio de La Silla en Chile. También tuvimos oportunidad de salir a disfrutar de las vistas desde la barandilla exterior pero mi vértigo con los suelos de rejilla también me hicieron pasar un mal rato, jeje.

Después fuimos a ver el telescopio Schmidt de 80cm, procedente de lo que un día fue la alemania oriental. Este observatorio fue trasladado a Calar Alto en 1980. El telescopio es un instrumento construido por el autor del diseño, el propio Bernhardt Schmidt, y la verdad es que tras atravesar la puerta de la cúpula se respira un aire a historia y tradición. Es un museo astronómico viviente con la particularidad de que ha sido modernizado y adaptado para seguir funcionando a día de hoy. En algunos armarios y cajones todavía es posible encontrar los filtros de colores utilizados con la vieja cámara Kodak y carretes para fotografía analógica que se utilizaban en la época. Cuenta con salas para el revelado químico de las películas y para la fotosensibilización del material. Por su corta focal es un instrumento utilizado hoy en día en la búsqueda de asteroides cercanos a la Tierra.

Por último nos desplazamos hasta el que sería «nuestro telescopio» durante la noche, el 1,23m. Inaugurado en 1975 cuenta con una montura ecuatorial alemana y un diseño clásico Ritchey-Chrétien. Su relación focal es f/8, es decir, cuenta con casi 10m de distancia focal. Os podéis hacer una idea de cómo se veían los objetos a través de él… de eso hablaremos más tarde.

Las condiciones meteorológicas la noche de observación. No podíamos pedir mejores condiciones.

Al telescopio se accede por una pequeña escalera, bueno, no he comentado que a todos los telescopios se accede por escalera, en el caso del 2,2m es el equivalente a un cuarto piso, a 2000m de altitud y con mascarilla puesta os aseguro que te falta aire cuando llegas arriba. Pero volvamos al 1,23… lo dicho, accedes por una pequeña escalera y llegas a la cúpula con una puerta lateral que David abrió para que se fuera aclimatando el telescopio. Era la hora de la puesta de Sol y salimos a la barandilla exterior. Al ser este telescopio menos alto no tuve sensación de vértigo y pude disfrutar mejor de las vistas. David nos comentó que podríamos intentar ver el rayo verde y estuvimos unos minutos disfrutando de la puesta de Sol desde el observatorio. Bajé al coche a por unos prismáticos y de repente me encuentro con un invitado sorpresa ¡Un zorrito a menos de un metro de mí mirándome con curiosidad! -«¡Pero bueno! ¿Que pasa contigo?»- Me quedé alucinado pero tuve que subir a toda prisa de nuevo al observatorio porque el Sol se ponía y me iba a perder el rayo verde. Al final misión cumpida, pudimos observar el fenómeno, en mi caso por primera vez en mi vida.

Después de esto entramos en la cúpula para ver el telescopio ¡Imponente! ¡Y por este pedazo de bicho voy a poder observar esta noche! Estaba como un niño pequeño en la noche de Reyes. Era más grande de lo que me imaginaba incluso. Una cosa muy curiosa de este telescopio es que como se puede utilizar para uso visual el suelo es una plataforma elevadora de tal manera que en vez de tener que subirte a una escalera subes o bajas el suelo hasta que la altura del ocular se adecua a tu altura. Tan solo lleva unos minutos acostumbrarse a la sensación.

Disfruté de la «presentación» del telescopio y estába ansioso por poder empezar a observar por él. Hay algo mágico en los observatorios, la acústica, el olor, la imponente presencia del telescopio, la cúpula… es casi un lugar con una atmósfera especial, casi mística… que te embelesa.

Telescopio profesional de 1,23m en Calar Alto.
Junto al telescopio de 1,23m

Volveríamos después al telescopio tras ir a la residencia a cenar algo y ahora ya si comenzaba el momento más esperado, la observación a través del 1,23m.

Observando a través del telescopio profesional de 1,23m

Se apagan las luces y nos quedamos completamente a oscuras y en silencio. Por un momento nuestros ojos apenas ven nada salvo el reflejo de la pantalla de la consola de control del telescopio atenuada por celofán rojo. De repente un sonido metálico y un zumbido poderoso rompen el silencio, la compuerta de la cúpula comienza a deslizarse y una alfombra estrellada comienza a aparecer en el cielo. No parece real, es como estar en un planetario y que estén proyectando una película sobre una parte de la pantalla. La cúpula empieza a girar con otro fuerte sonido de maquinaria industrial y se para a los pocos segundos. No me doy cuenta de que el telescopio se sigue moviendo pero éste lo hace de manera totalmente silenciosa.

David se mueve hacia el telescopio profesional y comienza a enfocar. Previamente hemos introducido en el ordenador un catálogo de objetos a observar, con sus coordenadas en AR y DEC de tal manera que para pasar de uno a otro solo hay que hacer clic con el ratón sobre el objeto desde la consola. Tenemos una lista de más de 20 objetos que sabemos que no podremos observar en su totalidad. Pero «mejor que sobre» ¿No?

Observando por el 1,23m (la luz roja solo la encendimos al final de la sesión con motivos fotográficos)
Observando por el 1,23m (la luz roja solo la encendimos al final de la sesión con motivos fotográficos)

Para la observación contamos con un par de oculares de 2″ del propio observatorio, un Televue de 55mm y un Celestron de 34mm además de mi 26mm de Sky Watcher de serie que venía con el Esprit y que apenas he utilizado. Probamos a poner el 15mm de Baader pero esa focal «tan pequeña» no la soporta este enorme telescopio.

Tengo la cámara Sony con lámpara IR encendida para intentar grabar parte de la sesión pero hasta el mínimo led provoca deslumbramiento así que finalmente termino apagándola. En esas condiciones de luz la cámara tampoco era capaz de detectar nada. Con un poco de cinta David va tapando los leds de algunos instrumentos que pueden molestar en la observación y a los pocos minutos nuestra vista se ha adaptado a la oscuridad y ya vemos sin problemas el telescopio y el interior de la cúpula solamente con la luz que las estrellas proyectan sobre nosotros.

David finaliza el enfoque sobre el primer objeto, la galaxia M81 y me dice que ya puedo mirar. Me asomo por el ocular y veo la característica mancha blanquecina que suelo ver a través de mi telescopio. Me esperaba algo más y de primeras no digo nada, un poco decepcionado, pero al poco comienzo a ver unos detalles alrededor de la galaxia… hasta que me doy cuenta de lo que está ocurriendo y no puedo reprimirme -«¡Ala! Pero si lo que yo pensaba que era la galaxia es sólo el núcleo. ¡Ostras, se ve enorme! Pero si no cabe dentro del ocular… «- Mi cerebro se resiste a entenderlo, estoy mirando por un telescopio de 10 metros de focal ¡10 metros! Eso te da unos aumentos bestiales y todo se ve «a lo grande». Quizá M81 no es el mejor ejemplo para observar y pasamos a M82.

La galaxia M82 por el telescopio espacial Hubble

Ahora ya estoy más preparado para saber lo que observar y además mis ojos se han adaptado un poco más a la oscuridad. Pongo el ojo en el ocular y ¡Boom! ahí está la galaxia. Se aprecian perfectamente sus dos «mitades» y una banda oscura que las separa de manera diagonal. La galaxia acapara casi todo el campo, se aprecian las diferencias de tonalidad de las zonas centrales… tiene un aspecto de relieve y profundidad… literalmente te deja sin habla. Es aquí donde empiezo a asimilar la potencia óptica del equipo por el que estoy mirando y se me vienen a la cabeza todos los nombres de esos grandes astrónomos que hicieron grandes descubrimientos a través de grandes telescopios ¡Tuvo que ser muy sacrificado pero a la vez tremendamente interesante!

No he hablado todavía del «buscador» del telescopio, un tubo de unos 2m de focal que es en toda regla un telescopio en si mismo y que tiene una calidad óptica impresionante. Cuando quería ver un gran campo me subía en la escalera para mirar por él y disfrutar de las vistas que ofrecía. Muchas veces es mejor observar «con perspectiva».

El siguiente objeto a observar es M51, la galaxia del remolino, un «must see» según David que ya me avisa de lo que me espera. Ya he observado anteriormente M51 por el dobson de 20″ del compañero Jesús Carmena y recuerdo perfectamente la imagen impresionante de la galaxia y su pequeña compañera, los brazos bien definidos… pero no estoy preparado para lo que me viene y la imagen vuelve a golpearme en la cabeza como si estuviera perdiendo un combate de boxeo. No doy crédito. Una magnífica rosa se muestra ante mis ojos y hay que mover un poco el telescopio para poder verla en su total plenitud. Parece algo sacado totalmente de contexto, una imagen irreal, pintada sobre un lienzo en el espacio.

Este dibujo de M51 por el usuario hbanich en Cloudy Nights da una buena referencia de lo que se podía ver por el ocular.

No me he recuperado todavía de la visión de M51 y pasamos a una nebulosa planetaria, saltándonos varias galaxias porque el tiempo vuela y no nos va a dar tiempo a ver todo. La elegida es M97, nebulosa de la lechuza o el búho. Su visión es fantasmagórica, más que parecer una lechuza parece una calavera y usando visión indirecta se aprecia perfectamente la enana blanca central. Aquí empezamos a apreciar color (sin ayuda de filtros) y tiene una notable tonalidad verdosa, diferente al gris de las galaxias que hemos visto antes.

Lo siguiente que tendríamos que ver sería la Cadena de Markarian pero como vamos justos de tiempo y tenemos a M13 en el cenit hacemos un salto y nos dirigimos a este famoso cúmulo globular, otro de los destinos que no podemos perdernos según explica David. Y efectivamente la imagen es imperdible. Aquí es donde tengo por primera vez la sensación de estar viendo una «foto viva» y no estar haciendo observación visual. El cúmulo se sale literalmente del ocular y se aprecia la banda oscura en el centro del que habla Comellas en su famoso catálogo Messier. Probamos aquí a poner la diagonal al telescopio para no tener una postura tan forzada al mirar al cenit y apreciamos una notable reducción de brillo. Vaya, parece que la diagonal dieléctrica de 99% de reflectividad pierde algo más de un 1%… supongo que los test de calidad no se hacen con un espejo de 1,23m jeje.

Se trata de una foto del Hubble pero así es como se veía M13 a través del telescopio de 1,23m en Calar Alto.

Pasamos a ver M27 y M57 en la zona. Ambos objetos tuve la suerte de poder verlos con el 77cm de AstroHita y ya tenía una «referencia» un poco más parecida pero no por ello me impresionaron menos. De nuevo las tonalidades verdosas eran claramente observables y estos objetos tenían una similitud mayor con una fotografía que las galaxias que vimos anteriormente.

Para terminar esta zona nos dirigimos a V Aql, una estrella de carbono, por variar un poco y la verdad es que su imagen no decepcionó en absoluto. Si bien el centro era anaranjado había un pequeñísimo halo rojo carmesí alrededor. Esta estrella está en sus últimas etapas de vida pero en belleza no tiene nada que envidiar a sus vecinas más jóvenes.

La Luna saldría en breve así que nos dirigimos a toda prisa a la zona de Sagitario. Aquí tenemos varias nebulosas de emisión que con todo todavía no hemos visto ningún objeto de este tipo así que … vamos a ellos.

Empezamos por M8 o Nebulosa de la Laguna que una vez más se sale del campo, así que nos movemos con el mando del telescopio y vamos «viajando» por toda su extensión. Me gustó mucho pero no tanto como la Trífida en la que sus nubes oscuras centrales ofrecían una completa sensación de profundidad y relieve. Si tuviera que elegir una me quedaría sin duda con esta segunda.

M17 o nebulosa omega también era merecedora de ser observada durante unos minutos. El majestuoso «cisne» y sus pequeños «patitos» más pequeños al lado y detrás. Y por último nos desplazamos a M16 pero esta última ya me defraudó un poco, recuerdo haber visto la Nebulosa del Águila más contrastada y es que el problema era que la Luna ya había salido y el contraste de la imagen se vió muy afectado. Se nos había pasado el tiempo volando.

Júpiter y Saturno como no podía imaginar

Con la Luna fuera ya solo quedaba dirigirnos a Júpiter y Saturno aunque este telescopio, por su gran focal, y con los oculares que teníamos requiere de un buen seeing para poder hacer planetaria. Afortunadamente teníamos unas condiciones atmosféricas muy buenas y, para que os voy a mentir», Júpiter se veía perfecto. Si, si, perfecto. ¿Habéis visto alguna vez esas imágenes de Damian Peach o Christopher Go? Pues así, os lo prometo. Se veían la bandas con una nitidez de detalle impresionante, la GMR tuvimos suerte y estaba a tiro. No es que se viera la GMR es que se apreciaba como la banda ecuatorial bordeaba la mancha. Se veían pequeños óvalos y detalles atmosféricos. Las lunas eran esferas, no puntos… Había momentos en que el seeing no era bueno, era sencillamente excepcional y os prometo que era como ver una imagen a toda resolución en la pantalla del ordenador, pero con volumen.

Esta imagen de Damian Peach refleja muy bien cómo pudimos observar Júpiter esa noche con el telescopio 1,23m de Calar Alto. Jamás he visto Júpiter tan grande y tan bien.

No nos habíamos recuperado de la visión de Júpiter y pasamos a Saturno y ¿Acaso podría defraudar? En absoluto. De nuevo detalles en la atmósfera, los anillos en todo su esplendor, la división de Cassini, la división de Encke ¿He dicho bien? ¿La división de Encke? Si, amigos, en esos momentos en los que la atmósfera parecía no existir se apreciaba ligeramente la división de Enke en Saturno. ¿No me creeis? No os culpo, yo tampoco daba crédito a mi mismo.

Con la imagen de Saturno en nuestras retinas dimos por finalizada la observación y recogimos todo. Nos despedimos de David, no se puede tener mejor guía celeste y compañero de observación. El premio fue doble, por poder usar ese gran telescopio y hacerlo además en compañía de una persona que tanto sabe del cielo.

La cúpula del telescopio de 1,23m de Calar Alto
La cúpula del telescopio de 1,23m de Calar Alto

El cometa Neowise el cierre perfecto

Diana y yo nos quedamos allí y decidimos sacar nuestro pequeño telescopio, el Nexstar5 y la cámara de fotos. Podréis pensar que para qué montar mi pequeño telescopio después de haber observado por ese monstruo de 1,23m pero os diré que el seeing era tan espectacular que no haberlo hecho hubiera sido pecado. De hecho pude meter el ocular de 5mm en este equipo, algo que no había podido hacer nunca sin estropear la imagen, y los aguantaba perfectamente, es más, creo que podría haber aguantado algún aumento más sin problemas. De nuevo disfruté de Júpiter y Saturno y también de la Luna y Marte. No he visto nunca la Luna tan bien como ese día. Ahora ya se lo que es un buen seeing de verdad.

Disfrutando del cielo de Calar Alto

La idea era quedarnos hasta la salida del cometa Neowise y hacerle unas fotos y observarlo por el telescopio. Mientras hacíamos tiempo y observábamos el cielo de repente alguien vino a visitarnos ¿Os acordáis del zorrito del principio? Bueno, pues volvía a estar allí, junto a nosotros, atraído por el olor de unos kikos que estábamos comiendo. Era muy simpático y hasta se sentó obediente como un perrito delante de nosotros a ver si le dábamos algo. Lo único que teníamos eran los kikos así que le puse unos pocos en el suelo y se los comió. El caso es que estuvo acompañándonos el resto de la noche y se portó muy bien, la verdad. Luego nos comentaron que es un habitante habitual de la zona.

Se acercaba el amanecer y con él la llegada del cometa. Desde esta altura y con esta atmósfera el espectáculo estaba garantizado. Comenzamos a ver el cometa antes de que el núcleo fuera visible, la cola destacaba notablemente en el cielo incluso a simple vista. Luego el cometa empezó a ganar altura y aproveché para sacarle unas fotos y observarlo por el telescopio. Estaba sencillamente espectacular, mucho mejor que la observación desde Madrid unos días atrás.

Le planteé a Diana la idea de caminar un poco y movernos hasta que pudiéramos encuadrar la cúpula del 2,2m junto al cometa y la idea mereció la pena porque nos quedó una foto espectacular con el cometa Neowise, Venus, las Pléyades y por supuesto la cúpula del telescopio.

El cometa Neowise y la cúpula del 2,2m de Calar Alto.
El cometa Neowise y la cúpula del 2,2m de Calar Alto.

Hicimos varias fotos más y finalmente recogimos cuando las luces del amanecer borraron a las estrellas y al cometa del cielo. Tan solo quedó la Luna y los planetas, que pronto serían acompañados por el Sol.

Así terminé una de las noches astronómicas más épicas de mi vida. Una auténtica locura y avalancha de emociones y sensaciones que quería reflejar aquí como buenamente he podido.

Compártelo

Autor: Roberto Ferrero

Miembro de las agrupaciones astronómicas Madrid Sur y AstroHenares. Astrofotógrafo. Monitor de astroturismo y responsable de Turismo Estelar, portal web de turismo astronómico.
Lee más artículos de Roberto Ferrero

4 thoughts on “La experiencia de observar el Cosmos desde un telescopio profesional

  1. Que gran experiencia y que gran artículo Roberto. Gracias por compartirla con tod@s nosotr@s.
    Un saludo.-

  2. Uauuhh! Vaya experiéncia…!! Te creo absolutamente en que haya sido de lo mejor que hayas vivido. Enhorabuena y gracias por compartir ese momento. Y en compañía de David Galadí… ¿se puede pedir más?…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *