¿Por qué hay estrellas de diferentes colores?

Cuando miramos el cielo a simple vista todas las estrellas nos parecen igual de bonitas, quizá reparemos en que algunas brillan más que otras y pensemos que es porque son más grandes o están más cerca de nosotros, pero una mirada con mayor atención nos permitirá además intuir que hay estrellas de diferentes colores, y no me refiero a las variaciones de color o titilar que produce la atmósfera y que hace que las estrellas tengan una danza multicolor en noches turbulentas. Me refiero a que hay estrellas blancas y otras parecen rojizas. Una mirada en profundidad a través de un telescopio nos sacará de dudas y podremos confirmar que las estrellas tienen diferentes colores. Las hay blancas, azuladas, amarillentas, anaranjadas e incluso de un rojo carmesí.

¿A qué se debe esa diferencia de color?

La diferencia de color en las estrellas se debe a los elementos que se están fusionando en su interior y a su vez ésto está relacionado con la temperatura superficial de la propia estrella. Así las estrellas azules que fusionan hidrógeno son más calientes que las estrellas rojas que fusionan carbono.

El proceso de fusión de los elementos químicos en las estrellas va desde el elemento más sencillo, el hidrógeno, hasta elementos más complejos como el carbono pasando por el helio o el oxígeno. Las estrellas, cuando son jóvenes, fusionan hidrógeno, y su color es azulado/morado. Las estrellas viejas fusionan carbono y su color es rojo por lo tanto también podemos hacernos una idea de la edad de las estrellas por su color.

En función de su color, o para ser más precisos, su tipo espectral, clasificamos las estrellas en los siguientes tipos O,B,A,F,G,K,M,L.

Pero no todas las estrellas son iguales ni envejecen igual. Hay un factor determinante en la vida de una estrella, su masa. Cuanto mayor es la masa de una estrella más rápidamente quema su combustible y su vida es más corta. La masa también influye en el tamaño de las estrellas. Para haceros una idea de la diferencia de tamaño mirad el siguiente vídeo para haceros una idea.

En 1910 los astrónomos Ejnar Hertzsprung y Henry Norris Russell establecieron un diagrama de dispersión de estrellas en las que se relaciona su tipo espectral con su magnitud absoluta. Se dieron cuenta de que hay una línea de mayor concentración de estrellas que relacionaba su luminosidad y su temperatura. A esa región del diagrama la llamaron “secuencia principal” y las estrellas que se encuentran en esa región reciben ese nombre, estrellas de secuencia principal. No todas las estrellas se encuentran dentro de la secuencia principal, ya que esta se cumple solamente durante la etapa de fusión del hidrógeno.

Cuando una estrella se vuelve rojiza está próxima al final de sus días. Si la estrella es lo suficientemente grande podría estallar en forma de supernova y si no tiene suficiente masa (menos de 9 veces la masa de nuestro Sol) terminará convirtiéndose en una enana blanca, expulsando sus capas exteriores al espacio y formando una nebulosa planetaria.

Tenemos la suerte de vivir junto a una estrella relativamente pequeña como es el Sol que tiene unos 4.600 millones de años y se encuentra más o menos en la mitad de su vida, por lo que podremos seguir disfrutando de ella durante mucho tiempo.

Estrellas que cambian rápidamente de color

Hace poco hablábamos en este mismo blog sobre las variables pulsantes de tipo Mira. Este tipo de estrellas pertenecen a un grupo más grande llamadas estrellas variables intrínsecas. Dentro de ese grupo más grande encontramos también a las variables pulsantes cefeidas que se caracterizan por tener pulsos constantes muy regulares. Estas estrellas son especialmente interesantes ya que permitieron por primera vez fijar grandes distancias en el Universo gracias a la relación conocida entre su brillo y la distancia. ¿Sabéis que? Que algunas cefeidas tienen un periodo muy corto, de incluso pocos días. Es más, algunas de ellas son observables a simple vista. Esto quiere decir que hay estrellas que, en un periodo muy corto de tiempo, cambian de luminosidad y color.

Un ejemplo de cefeida visible a simple vista es Eta Aquilae, que podremos observar en las noches de verano muy alta en el cielo. Su tipo espectral varía entre F y G y su magnitud aparente varía entre +3,6 y +4,6 en poco más de 7 días.

 

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