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Salida astronómica 29/1/2022: Bajo la luz zodiacal

Primera salida astronómica del año y para qué os voy a engañar, había unas ganas enormes de volver a hacer astrofoto. Los cielos despejados con los que nos está sorprendiendo este seco invierno prometían deleitarnos con una noche espectacular. De no ser por el lío que tengo últimamente ya hubiera salido varias noches en los últimos días. Asomarme por la ventana era ponerme los dientes bien largos.

Salimos de Madrid en dirección a la provincia de Toledo con las luces del atardecer. Viajecito de poco más de una hora hasta nuestro destino habitual escuchando música en el coche y con la tripa llena después de comer, en estas fechas en las que anochece tan pronto prácticamente tenemos que salir de casa con los postres.

Llegamos al lugar de observación y nos pusimos a montar el telescopio. Bandadas de patos en formación «de v» pasaron volando sobre nuestras cabezas haciendo mucho ruido con sus alas. Menudo espectáculo. Más tarde, con el Sol ya oculto vimos las siluetas de los mochuelos revoloteando a nuestro alrededor. Hicimos la alineación a la polar con el polemaster en un periquete y mientras configuraba la sesión de captura veo por el rabillo del ojo un resplandor en el cielo. Me aparto del ordenador para que mi vista se acostumbre un poco más a la oscuridad y enseguida distingo una gigantesca pirámide de luz en el cielo, justo desde Júpiter hasta las Pléyades. Enseguida me doy cuenta de que es Luz Zodiacal, la más brillante que he visto nunca. Aviso a todos para que se fijen en el fenómeno y saco la cámara del coche para hacer unas fotos. El brillo de la Luz Zodiacal compite con la misma Vía Láctea, como si se diesen un abrazo cósmico sobre nuestras cabezas.

Este fenómeno está producido por el reflejo de los rayos solares en las partículas primigenias de nuestro sistema solar en un disco que orbita en el plano de la eclíptica alrededor del Sol. Su visión es más frecuente en primavera y otoño pero no es raro poder observarla en otras fechas. La de anoche fue la vez en que más destacada la he visto en el cielo.

Tras disfrutar de su contemplación y mientras Júpiter se ocultaba por el horizonte terminé de configurar la secuencia en el ordenador y puse el telescopio a capturar fotones con NINA. El objetivo era la Nebulosa de la Cabeza de Mono o NGC2174, que decidí hacer en banda estrecha.

Mientras el telescopio trabajaba de manera autónoma me puse a observar con los prismáticos 10×50, que una vez más encontré bastante descolimados. Después de tanto uso durante estos últimos años creo que voy a tener que buscarles unos sustitutos porque a pesar de que su colimación es sencilla me molesta que se descolimen tan habitualmente. Podía observar con ellos durante cortos periodos de tiempo antes de que resultase molesto, aún así pude disfrutar de los habituales objetos de estas fechas como una monumental Galaxia de Andrómeda y su «cercana» Galaxia del Triángulo o la siempre majestuosa Nebulosa de Orión y los cúmulos de Auriga.

A última hora también disfrutamos del Cúmulo del Pesebre y comentábamos que ya se dejaba ver el cúmulo de Virgo tras Leo. En breve tenemos la sesión de galaxias primaverales encima.

La temperatura fue fría durante toda la noche pero no especialmente dura debido a que la humedad se mantuvo bastante baja, sin formación de escarcha. Solamente los pies se nos quedaron un poco fríos y tuvimos que entrar un rato en el coche para recuperarles el calor, momento en que se dejó ver un gran bólido del que solo vimos el resplandor.

Además del bocadillo y del chocolate dimos cuenta de un caldito caliente que nos permitió entrar en calor. En estas noches de invierno un caldito o un chocolate caliente son mano de santo para aguantar unas cuantas horas más.

A eso de la 01:30 decidimos recoger y nos volvimos a casa contentos tras una noche espectacular en la que el SQM llegó a marcar 21,23 mag/arcsec2.

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