Diario de observación astronómica. Julio de 2009. Altea. Capítulo III.

Noche del 13 al 14 de julio

Las nubes cubren el cielo. De vez en cuando asoma alguna tímida estrella pero esta noche ni me molesto en sacar el telescopio, así que decidimos sustituir la astronomía por la gastronomía. A ver si mañana mejora la cosa.

Noche del 14 al 15 de julio

A pesar de haber estado nublado durante todo el día, al atardecer las nubes desaparecen poco a poco, aunque la calima permanece debido a las altas temperaturas y la humedad.
Por la noche se ven muchas estrellas pero no brillan tanto como la noche del día 12. Esta noche vamos a practicar la forma más básica de astronomía, a ojo desnudo. Bajamos a la piscina y nos tumbamos en las tumbonas, mirando el cielo. Me he traido la cámara de fotos, el trípode y el ordenador para realizar unas fotografías y usar el stellarium. Descubro en la utilidad de la Canon Eos que tengo instalada en el portátil que trae un intervalómetro digital por el que puedo programar cuantas tomas quiero sacar cada x segundos. Así realizo unas tomas de la osa mayor, Boyero y Sagitario.

Osa Mayor

La cámara trabaja mientras nosotros observamos el cielo tumbados tranquilamente en las tumbonas. Cuando nuestros ojos se han acostumbrado a la oscuridad apreciamos la vía láctea y estrellas bastante débiles, las constelaciones se aprecian claramente.

Sagitario

Hércules encima de nosotros, ahí Draco, ahí el Águila, Lira con Vega… Ponemos un poco de música en el móvil muy bajita para no molestar a nadie, ya es la 01:00 de la mañana y no queremos molestar a nadie. Ojalá se detuviera el tiempo…

Boyero

De repente vemos moverse un par de puntitos casi en paralelo pasando entre Deneb y Vega, son satélites artificiales que casi apenas se distinguen, pero lo curioso es que parece que vuelan “en formación”. Diana ya ha visto 4 estrellas fugaces y yo ninguna. Tengo una suerte malísima, siempre que aparto la mirada para un lado una estrella fugaz aparece en el contrario… 🙁 . A eso de las 02:00 la neblina se hace algo más intensa y los mosquitos están abusando del bufet libre de mi brazo, así que decidimos recoger los bártulos y subir a dormir. Mientras estoy agachado metiendo la cámara en su funda escucho a Diana que dice: -“¡Ala, esa que grande!”- Suspiro y mascullo entre dientes, la novata ha visto 5 estrellas fugaces y el que iba a explicar algo de astronomía 0. ¡Que cruz!

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